jueves, 26 de julio de 2012

Tercera canción.



-Tu mirada es un imán para las chicas, tú en todo tu conjunto eres un imán para todas las mujeres. Pareces ser el polo opuesto, el negativo a todos los polos positivos y pareces encajar en cada silueta para conseguir montar el puzzle perfecto. Las atraes, las atraes con una oscura magia. Y - dijo acercándose más a su oreja- no te pido que dejes de ser como tú eres, ni que sigas sin tener miedo a nada, que eches raíces, que busques respuestas, solo te pido que... -dijo alejándose de él- dejes de imantar a niñas perdidas.

Jazz, aun temblorosa se levantó de la cama, queriendo escaparse, llegar lo más rápidamente posible a la puerta, salir y olvidarse de él, olvidarse de aquel mundo que había construido durante una noche, un día y otra noche más. Pero eso le sería imposible.
Él le daba la espalda y aguardaba la respiración para soltar todo el aire cuando ella hubiese salido, ya que su orgullo le obligaba a hacerlo, pero una leve caricia de Jazz, hizo que aquel aire condensado escapase lentamente de su nariz y que su orgullo se perdiera entre las sábanas revueltas de una noche pasada.
Jazz se levantó lentamente de la cama, se vestía rápidamente, temblaba y no era por el frío, era verano.
Con los ojos cerrados, él supo adivinar lo que Jazz estaba haciendo después de haberse vestido y en aquel momento justo. Él, quería hacer lo mismo, quería observarla, para archivar su cara en su memoria y repasar toda su geografía. Sabía que sería la última vez que la vería por eso quería hacer todo eso, porque... A partir de aquel momento, se convertirían en dos extraños que se extrañarían mutuamente, pero aquello era algo que en aquel momento ambos desconocían.

-Y dime, -dijo Jazz abriendo la puerta y girándose para observar su espalda medio desnuda- Ahora, ¿no te sientes más pequeño?


Jazz no se olvidó de él, era un extraño, pero lo extrañaba constantemente. Chapoteaba en sus párpados en los días de lluvia y, en los días de sol... Su recuerdo se aclaraba más, tanto que estaba segura que al alzar el brazo y alargar su mano lo tocaría y creedme, lo intentaba.

Pero cada vez que lo hacía su impacto con el suelo era más atroz y es que aquel chico también la había imantado. Ella era un niña perdida, imantada.
Y como niña pérdida se sentía sola, huérfana de alguien con quien compartir todo el amor que le era imposible almacenar en su pecho.
Ella respiraba, cerraba los ojos y lo volvía a hacer, esperando a que todo aquello pasara, quería sentarse en su cama, acurrucarse y taparse, esperar a que los días pasaran, a que las gotas de lluvia y niebla se despegaran de su interior, pero no lo hacían, continuaban aferradas y solo una persona podía limpiar aquello. Ella, ingenua y ajena a sí misma, no entendía que le pasaba.
Jazz se había enamorado de un chico lleno orgullo, de caricias.
Y por ese orgullo que él le había enseñado ella estaba así y no era la única.
Aquel chico estelar, era capaz de hacer magia con su mirada, con las palabras... Era capaz de hacer volar a cualquiera con una simple sonrisa, pero solo era un envoltorio, por dentro estaba recubierto de hielo que Jazz había conseguido que se empezara a derretir.
Pero fue demasiado tarde, en aquella historia no hubo un héroe, ni una princesa, ni siquiera alguna mirada. No hubo nada.
Ambos ya habían visto a miles de personas romperse por dentro, romperse el corazón por ese sentimiento, así que simplemente dejaron de creen en él.
Fue una historia, una pequeña historia de chico conoce a chica, pero no fue una historia de amor.

1 comentario:

  1. Y así con esto me vuelves a impresionar de nuevo, no pensé que la canción iría tan acorde. Buen final, y felicidades por el nuevo relato ! No sé si has leído mi primera canción. así que por si acaso... http://cosquillasenfinesdesemana.blogspot.com.es/2012/07/primera_24.html Jajajaj besos volados de un pequeño pájaro de Julio.

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Ahora que ya has ojeado mis fórmulas, puedes plantéame tu teoría :)

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