jueves, 2 de agosto de 2012

Cuarta canción.


Carta para Martina con aquellas cosas que quise decirte pero que nunca salieron de mí.

    La habitación estaba en penumbra, a pesar de estar la persiana subida al máximo, la luz había dejado de entrar hacia horas, pero los temores se habían quedado allí. Parecía que el color había salido de nuestras pieles y nos hubiéremos tintado de blanco y negro.
Aguantaba las lágrimas porque no quería llorar delante de ti, pero los dos sabíamos demasiado a que habías venido a aquella habitación de hospital. A despedirte. Aquello era una despedida, a pesar de que tú estabas convencida de que era un hasta pronto, pero aquella masa que se había quedado a vivir en mi cabeza me decía que no iría bien.
Siempre, desde antes de que yo me hiciera un visitante continuo en los hospitales, me habías dicho que el olor a hospitales te repugnaba, aquella olor a productos de limpieza y a látex revolvía tus entrañas y las arcadas llegaban a tu garganta, pero aun así nunca me dejabas solo en un lugar como aquel.

    Sábado por la noche, estaba seguro que tenías cosas mejor que hacer que estar allí conmigo, pero lo mejor de todo es que estabas y yo te necesitaba.
Te acercaste lentamente a mi cama y te sentaste en el bordillo temiendo no moverte demasiado por si me rompía. No hablabas, sonreías, me mirabas y sonreías. Yo tampoco necesitaba más, no sabía que decirte.
Se supone que antes de una operación como aquella mi cabeza debía de estar despejada, pero pensamientos que nunca habían pasado por mi mente, esa noche se pasearon por allí.
En aquel momento la habitación estaba completamente en silencio y eso no me incomodó.
 Mirabas fijamente a un punto a través de la ventana mientras yo cerraba los ojos, sentía una presión en el ojo izquierdo que se me pasaba durmiendo, pero no lo quería hacer. Así que empecé a mirarte de reojo como, continuamente te apartabas un mechón pelirrojo que se te caía a la cara y te molestaba. Eso me hizo sonreír, quería decirte que lo dejaras donde estaba, que me gustabas así, pero callé.
-Martín, -dije- ¿te acuerdas? Así te llamaba yo cuando éramos pequeños y siempre te enfadabas...
-Ef, no hagas eso.
-¿Lo qué?
-Recordar, ahora no recuerdes, simplemente sé.
Martina, aquella chica que siempre había estado cerca de mí, siempre con sus frases y proverbios que nunca entendía.
Simplemente sé.
-¿Te puedo pedir un favor? -Asentiste- Ayúdame a levantarme.
-Ef no deberías.
Intenté levantarme por mí mismo, estaba débil, pero aun así conseguí ponerme de pie. Busqué mi móvil y puse una de mis canciones preferidas, Pereza empezó a sonar.
-Es una tontería Martina pero,- desvié mi mirada hacía el suelo, ahora, después de tantos años no podía aguantar mucho tiempo mirándote a los ojos, me sonrojaba y me ponía nervioso- te podrá parecer anticuado, raro, pero...
-¡Suéltalo!
-¿Quieres bailar conmigo?
-¿Bailar? Deberías descansar.
Pero en aquel momento no quería dormir, no, quería que aquella noche pasara lenta, que fuera nuestra noche. Me acerqué a ti, más de lo que estaba acostumbrado a acercarme. Sonreíste. Había sido un estúpido, por no verte de la manera que te veía en aquel momento. Te cogí de las manos y tu dudaste de poner tu cabeza sobre mi hombro. Poco a poco y bastante torpes empezamos a movernos a ritmo de la canción, con los ojos cerrados nos mecíamos mientras yo paseaba mi mano por tu espalda. Tenías los ojos cerrados y sonreías. Quise besarte, pero estaba demasiado mareado para intentarlo y no quería despegarme de ti, quería pasar todo el tiempo perdido y todo el tiempo que iba a perderme pegado a ti.
No se cuanto tiempo pasamos así, después de que la música se parara, solo quedaron las sonrisas y nosotros en ellas. En silencio, continuábamos balanceándonos lentamente porque teníamos miedo de parar. De parar y que todo se acabase, que me acabara. 
Sonaba extraño, referirme a ti y a mi como a un nosotros, pero esa noche lo hice. 
-Efrén, -mi nombre rompió aquel silencio y me erizó- mañana, te espero fuera.
Cerré los ojos y los apreté fuertemente, un beso suave aterrizó en mi mejilla, no supe qué decir, no me sentía capaz de cumplir a tu promesa Martina y no la cumplí.

Si aun dices venga, yo digo vale.

2 comentarios:

  1. Jooo que chulo que chulo !! Mi hermano se llama así y la historia me recuerda mucho a él porque tuvo que estar mucho tiempo en un hospital... pero no creo que él haya vivido algo así jajaajaj quien sabe, felicidades de nuevo ! Cada día me vienes con algo mejor.

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    1. Me alegro de que te haya gustado :)) y gracias por pasarte y leerte cada canción, espero que tu hermano no viva nunca algo así!
      Besos!!

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Ahora que ya has ojeado mis fórmulas, puedes plantéame tu teoría :)

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