sábado, 25 de agosto de 2012

Quinta canción.



Las calles se quedaron pequeñas y solitarias después de que aquel huracán pasara, se llamaba Katrina, piernas largas y un corta y alocada melena pelirroja barrió el pequeño pueblo. 
Durante todo el verano que Katrina estuvo en ese pueblo, muchas cosas habían cambiado, hasta consiguió cambiar a un pequeño y extraño corazón lleno de dardos y pinchazos.
Aquel huracán se encargó de poner parches en las noches de agosto, parches que caerían como caen las hojas doradas cuando llegase el otoño.
Finales de verano, veinte años, toda una vida por delante. Inocencia en la cara, los sueños los llevaba en los pulmones, respiraba por ellos.
La música sonaba, ella soñaba con ella y sonreía. 
Katrina intentaba estar feliz esa noche aunque llevaba tormentos y tormentas en sus pupilas que, amenazaban con descargar con furia todo lo que llevaban dentro, nubes oscuras y lluviosas que Katrina tenía por ojos.

Beber. Quería beber para olvidar aquellas jodidas mariposas en el estomago que eran como dardos que me acuchillaban. Quería beber hasta que en mi cuerpo hubiese más alcohol que sangre. Beber hasta conseguir ver doble, para así, verte doble.
Y verte dos veces como huyes.
Quería desprenderme de aquella carga, de aquel equipaje que había llevado todo el verano en mis hombros. Cargando peso innecesario que hacía que mis huesos se resquebrajaran y dejaran de funcionar, peso que aumentaba con cada noche y me ahogaba con cada día que pasaba, porque lo nuestro no tenía fundamento, pero para mí era fundamental.
El bajo de alguna canción moderna latía al mismo compás que mi corazón, caminaba entre callejuelas que conducían a un mismo sitio, aquella plaza decorada, llena de luces, era un sitio extraño donde encontrarte, tú que nunca salías, tú que nunca te dejabas ver.
Había tanta gente que me costaba distinguir donde acababa una persona y donde empezaba otra. Cientos de cuerpos se mecían de un lado a otro.

La plaza estaba llena de gente menos importante que tú y eso lo sabías Katrina, estaba allí y eso era lo importante lo único que nos importaba. Deseaba no decirte nada, cogerte, bailar y ser, en aquel momento, como habíamos hecho todo el verano, pero teníamos demasiadas tormentas por desencajar y no había mucha noche por delante.Solías decirme que te había quitado el corazón, era un ladrón por ello pero sobre todo era un delincuente por no haberme preocupado por ello. En eso mentías. Aquellas últimas semanas se nos hicieron cortas y desde un principio supiste como acabaría todo esto. 

Unas manos le rodearon y le acariciaron la espalda con dulzura, la mañana ya estaba cerca pero él estaba allí. De repente, la música se detuvo, toda la plaza con ella también se congeló, o eso le pareció a ella.

 Te avisé Katrina, pero tú dijiste que eso no nos pasaría a nosotros,sonreíste y te pusiste a hablar de otras cosas, de cosas que haríamos al acabar el verano, cosas que nunca llegarían a ser nuestras.

-Shhh, no hablemos.
Dijo intentando escapar de las palabras y acercándose a él para conseguir que este olvidara lo que tenía que decir.
-Escúchame....- dijo aguantando su cara con las dos manos y haciendo que esta lo mirara a los ojos.- Me gustaría que este verano, que esta noche no acabara nunca, porque aquí tu y yo estamos bien, pero es solo aquí y ahora. Kat dije que esto llegaría, que no te podías fiar de mí, pero tú lo intentaste y yo no puedo cambiar, no sé ser de otra forma.
Los ojos de Katrina empezaron a descargar tormentas.
-Te avisé Kat, tu amas, amas, amas, cuando sabes que yo no puedo amar.




You love, love, love when you know I can't love.
Tu amas, amas, amas, cuando sabes que yo no puedo amar.

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