lunes, 8 de julio de 2013

Segunda canción

-Ella-
Pequeña, eso pensabas que era.
Pequeña como las hojas del trébol que arrancabas de mi corazón para que nunca más en toda mi vida pudiese volver a tener suerte.
Porque junto a ti te llevaste mi suerte y todo lo que tenía.
Nada es como temer a la nada, como a temer al vacío que dejas, pasas, destruyes, barres
y me dejas perdida, entre vacíos de almas que no dejan ni un hueco para arrelarse a ellas porque están frías y resbaladizas, con paredes hechas de hielo que no calientan ningún corazón.
Como si de un huracán se tratase, desatas tormentas sin rechistar, y es que, desde el día en que te marchaste,yo, ya no me vuelto a encontrar.
Sin encontrarme me quedé sentada mientras la lluvia acariciaba mi cara para consolarme y mezclarse con mis lágrimas al lado de otro corazón perdido.


-Él-
Comprimido.
Así me sentía.
Una sensación extraña me recorría todo el cuerpo, ¿no te ha pasado nunca? Esa sensación en la cual el corazón empieza a latir con mucha fuerza y tu apenas puedes respirar. Aquella donde tu respiración suena tan fuerte que se nubla toda tu mente y ya no puedes pensar. 
Vagando por aquella neblina de malos ratos te encontré. También andabas perdida, te sentaste a mi lado, sin hablar, dejando solo que te tocase la lluvia. 
Cerré los ojos.
No quería saber si continuabas allí a mi lado, o te habrías marchado de aquel lugar, quería imaginarme que había alguien a mi lado. Callado, buscaba entre los sonidos que mi oído podía alcanzar, buscaba si entre ellos había una débil respiración, pero no encontraba nada. Mi corazón empezó a latir con más fuerza, mi extraña sensación, pero fue tu mano acariciando la mía lo que me tranquilizó.
Abrí los ojos esperando encontrarme con los tuyos, chica perdida, pero no fue así, no me mirabas, mantenías los ojos cerrados.
Tu mano aferrada a la mía.
Respirabas fuerte.
Te miré sonriendo.
Tu no te diste cuenta.
En aquel momento, no estaba solo, tenía una respiración a mi lado.
"Serás afortunado si no deja de doler, porque eso te permitirá aferrarte a lo que sientes y no podrás olvidarlo nunca." 
Eso fue lo que me dijiste, después te levantaste. Te fuiste.
A partir de aquel día recordaría siempre tu respiración, y también echaría de menos tu silencio.



Fechas tatuadas.


Cada uno iba en su mundo, encerrados entre dos auriculares dibujaban con su mente un paisaje muy diferente al que estaban viendo con sus ojos en movimiento. Curvas y rumbo incierto en cada giro, curvas y cristales empañados por los pocos alientos que quedaban en aquel viejo autobús, Martina volvía a casa para una buena temporada, pero parte de ella se había quedado en aquella playa inquieta de risas y tardes al sol. El cielo gris parecía que se iba a precipitar encima de ella y en el fondo lo deseaba, deseaba precipitarse en aquel vacío. Lo miraba, esperando ver alguna ralla marcada marcada allí y así decirle adiós con la mano, pero aquel cielo nublado como ella se empeñaba en que no viese aquella ralla, que no viese que aquel avión se estaba haciendo cada vez más pequeño para así, finalmente desaparecer de su vista, pero no de su mente, no de ella.
A Martina no le gustaban las despedidas y menos si tenían una fecha tatuada, por eso ella decidía sus despedidas. Se había marchado sin decirle nada, sin haberle dejado una carta, sin ni siquiera haber recordado las últimas palabras que se habían de dedicado.

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